XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

ECLESIASTÉS:
– !Vanidad de Vanidades! Todo es vanidad. Que inicio tiene este libro de la Biblia, es uno de los más conocidos y quizás de los más pronunciados. Lo que muestra es un tono bastante escépticos respecto al hombre y a la vida. Nos muestra de este modo que lo que debemos buscar no es vivir según los hombres, sino según Dios. Hay que relativizar los diversos afanes que solemnos tener, también incluso el excesivo trabajo. Todo es pasajero y pasa, sólo queda lo que es para la eternidad.
– Es una enseñanza no vivir para lo caduco, y vivir para lo eterno en Dios que nos invita el Señor por medio del Predicador, nosotros vivimos demasiado para lo material y lo mundano, y nos olvidamos e Dios o vivimos un poco acomodando a Dios a nuestra vida, y vivimos una fe mundana. Es una llamada preciosa a la conversión, con una frase que se queda grabada en el corazón, TODO ES VANIDAD. No basta con amores de verano, debemos buscar el Amor Eterno, que dura para siempre.
– La enseñanza es un sano escepticismo ante lo humano. La riqueza no nos lo da todo en la vida, ni es lo principal, la muerte lo relativiza todo. Debemos reconocer el límite de lo humano y ver las cosas en el justo valor que tienen, transitorio y relativo. De este modo no debemos correr tan ansiosamente sobre lo perecedero descuidando lo principal; por este camino las desilusiones son tremendas; reconozcamos la vanidad de las cosas, para darles su justa importancia.

SALMO:
«Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.»
El Salmo es el contraste con la primera lectura, el Señor es nuestro refugio lo demás es caduco, Dios es eterno, como dice: mil años en tu presencia Señor, son un acuerdo que pasó. El hombre sin Dios no es nada, pues la vida sería nada, y no tendríamos vida, por eso le pedimos al Señor que nos guíe en su compasión y nos lleve a vivir en su misericordia.

COLOSENSES:
– San Pablo nos hace una llamada a buscar los bienes de arriba, a aspirar al cielo, a no dejarnos llevar por el pecado. Además lo hace enumerando claramente lo terreno que nos separa De Dios: el placer, el poder y el poseer que son la búsqueda de nosotros mismos, y que tiran sobre nosotros para caminar en el hombre viejo. Debemos revestirnos del hombre nuevo, de Cristo, del Espíritu Santo, y para ello hay que profundizar en el conocimiento de Jesús, para que entrando en el Corazón del salvador, poder irnos transformando en Él, mejor dicho para que Él se haga vida en nosotros.
– Si estamos incorporados al Resucitado, ya desde le Bautismo, se tiene que notar en nuestra vida: nuestro estilo de actuación se tiene que diferenciar del de los que no son cristianos. Tenemos que despojarnos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestirnos de la nueva condición de hijos De Dios.

LUCAS:
– Jesús hoy nos avisa contra la excesiva ambición y el deseo de poseer, «guardaos de toda clase de codicia», porque nuestra vida no depende de nuestro bienes. Es lo que dice muchas veces el papa Francisco que le enseñó su abuela, sobre que la mortaja no tiene bolsillos, porque nada material te llevas a la tumba. Que enseñanza tan sencilla, pero que difícil vivirla. Es muy difícil no estar afanado con los bienes materiales, pues nos preocupa la hipoteca, como vestir a nuestros hijos, y otras preocupaciones de primera necesidad…, pero lo grave es que estamos muchas veces afanados por tener cosas que no necesitamos, o por renovar cosas que todavía son necesarias.
– La parábola es muy expresiva, y debería llevarnos a preguntarnos no por lo que hemos acumulado materialmente en esta tierra, sino por lo que hemos acumulado para el cielo. Que fácil es acumular para la tierra y cuánto nos cuesta acumular para el cielo, obras buenas, amor ante todo.
– Jesús nos invita a vivir un desapego del dinero y lo material, porque no es un valor absoluto ni humana ni cristianamente, y se ha convertido en una idolatría. Jesús nos invita a hacer un uso adecuado de lo material, y a no dejarnos esclavizar por ello. Es por tanto sabio, distinguir los valores importantes y los que no lo son. El dinero tiene su función, pero por encima del dinero y del bienestar material está el amor, la familia, la amistad, la vida, etc…. Por decirlo de un modo muy simple, haya eu tener tiempo para amar, para sonreír, para jugar, para perder el tiempo con los demás, y no vivir para nosotros mismos, y para lo material.
– Debemos buscar los bienes de arriba: la escucha de la Palabra, los sacramentos, el vivir en cristiano, la vida De la Iglesia, nuestro testimonio de fe y vida…, esto es lo que nos enriquece ante Dios, y realmente también ante los hombres. Lo principal es ser rico ante Dios y no ante los hombres. Ser ricos en buenas obras, y no en cuentas corrientes. El mundo nos invita a una carrera desenfrenada por los bienes materiales, para tener más osas que lo demás, y sostener nuestra vida en lo material, y de este modo nos descuidamos y descuidamos lo esencial, y nos convertimos en esclavos de la sociedad de consumo, que crea necesidades e imprime nuevas par que gastemos más y más. Pero lo que contará al final son las buenas obras que hayamos hecho, no el dinero que hemos logrado almacenar.

María, Madre te pedimos algo que nos enseña San Francisco de Asís, para vivir en lo importante, vivir para la caridad, y para el Señor. «En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este siglo; llevan consigo, sin embargo, el precio de la caridad y las limosnas que hicieron, por las que tendrán del Señor premio y digna remuneración». Amén

Un pobre sacerdote +++

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