SÁBADO XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 TIMOTEO:
– Hoy San Pablo manda a Timoteo taxativamente que cumpla los mandamientos íntegramente, que es el modo de vivir en unión con Dios y gozar de su compañía para siempre, y de este modo vivir la vida del bienaventurado Señor Jesucristo por siempre.
– Este texto es una alabanza final con un marcado tono escatológico, con una mirada hacia la venida última del Señor.
– Lo más difícil es ser fieles al Señor durante la vida entera. La invitación de hoy de San Pablo es para nosotros, que convencidos de la cercanía De Dios que nos da la vida y nos salva por medio de Jesucristo, nos pide que nos esforcemos por responder con nuestra fidelidad hasta la última venida del Señor, con toda la vida ser fieles al Señor. Nuestra fe cristiana es un tesoro que tenemos que conservar y hacer fructificar, somos conscientes de que somos débiles, que debemos fiarnos más de las fuerzas De Dios que de las nuestras.

SALMO:
“Entrad en la presencia del Señor con vítores”.
El salmo nos invita a una mirada profunda de adoración y de alabanza al Señor, por quien hay que entrar para llegar a la vida eterna. Debemos vivir en su misericordia y en su fidelidad para ir por sus caminos, pues sólo en Dios podemos poner nuestra confianza.

LUCAS:
– Lo que parece empezar como una llamada de atención sobre la fuerza que tiene la Palabra De Dios, se convierte en un repaso de las diversas reacciones que se pueden dar en las personas respecto a la palabra que oyen y acogen. Las situaciones son las de la semilla que cae en el camino o en terreno pedregoso o entre zarzas o en tierra buena, con suerte distintas en cada caso.
– Las parabolas de Jesús pueden ser entendidas o no, según el ánimo de los oyentes. Estas parábolas tienen siempre la suficiente claridad para el que quiera las entienda, se dé por aludido y actúe en consecuencia. Cada uno debe estar dispuesto o no a dejarse interpelar por la Palabra de Jesús y que esta cambie su vida.
– La Palabra De Dios es poderes, tiene fuerza interior. Pero su fruto depende también de nosotros, porque Dios respeta nuestra libertad, no actúa violentando voluntad. ¿Dónde estoy yo? ¿Qué terreno soy? Por ejemplo, en la Eucaristía, cuando se proclama la Palabra, ¿cómo cala en mí?
– Debemos acoger la Palabra con un corazón noble y generoso y perseverar en su meditación y en su obediencia, para acoger la Palabra De Dios en nuestro corazón y ponerla en Práctica.

María, tú que guardabas la Palabra De Dios en tu corazón, enséñanos a nosotros a escucharla, guardarla y vivirla. Amén. 

Un pobre sacerdote +++

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