MIÉRCOLES XX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

MIÉRCOLES XX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JUECES:

– Hoy escuchamos una fábula llena de ironía que se burla del rey que se han buscado los habitantes, que es el inútil Abimelec. Además deberían poner a su rey no a un hombre sino a Yahvé su Dios, al cual debían haber elegido en todo momento y en todo lugar y no poner su confianza en los hombres.

– La alegoría es expresiva: los árboles quieren un rey, pero lo que son útiles no aceptan, mientras que sí acepta en seguida la zarza, el arbusto más inútil y nocivo. Ese es Abimelec, claro, que, por cierto, luego sería traicionado también él y moriría trágicamente.

– Vemos como a los mejores los encontramos entre los humildes y trabajadores. Y este es el modo de elegir De Dios, no según los criterios humanos sino según los suyos que es hacer contar a lo que no cuenta para este mundo.

– Nos podríamos preguntar en el día de hoy: ¿en qué cualidades ponemos nuestra confianza? ¿Sabemos apreciar la humildad de una higuera o de n olivo, que muestran su fecundidad con sosiego y profundidad, o nos dejamos encandilar por lo que brilla y llama la atención externamente?

SALMO:

“Señor, el rey se alegra por tu fuerza.”

Hay que elegir al Señor como nuestro Dios, y dejar que sea su victoria la que le engrandezca, y que nosotros sepamos vivir de sus bendiciones, y a la vez bendiciéndoles por siempre.

MATEO:

– Hoy escuchamos la desconcertante parábola de los trabajadores de la viña, que trabajan un número desigual de ora y reciben el mismo jornal. Pero lo importante de la parábola, no es el trabajo de los obreros, ni tampoco le justicia en los salarios. La parábola no se fija en los trabajadores, sino en la actuación De Dios, Él da a todos según su justicia, es generoso con los últimos, aunque hayan trabajado menos. La respuesta es el amor gratuito De Dios, que sobrepasa las meditadas de la justicia y actúa libremente.

– Los caminos De Dios son sorprendentes . No siguen nuestra lógica. El premio que esperamos De Dios no es cuestión de derechos y méritos, sino de gratuidad libre y amorosa por su parte. Nunca vamos a merecer el salario que Dios nos da, y no depende de nuestro trabajo sino de su elección y de su misericordia para con nosotros. Por eso en lugar de quejarnos y compararnos con los demás, vivamos alabando a Dios por su insondable generosidad.

María, danos un corazón agradecido por tanto Amor como Dios nos tiene. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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