VIERNES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

VIERNES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

LEVÍTICO:
– El libro del Levítico nos describe las principales fiestas del pueblo de Israel, que son memoria de las intervenciones De Dios en la historia de la salvación:
+ La Pascua, en el primer mes del año, el de Nisán, en la que se juntan las antiguas fiestas agrícolas de los ácimos y los corderos con el recuerdo de la liberación de Egipto.
+ Pentecostés, a los cincuenta días, cuando, junto a la fiesta de las gavillas y los primeros frutos de la cosecha, se celebra la Alianza sellada en el Sinaí.
+ La fiesta de la Expliación, el Yom-kippur, en el mes séptimo, ya en el otoño, con ritos de penitencia y ofrenda de sacrificios.
– Las Tiendas o de los Tabernáculos, también en el mes séptimo, con ocasión de la vendimia, cuando se recuerda la marcha por el desierto, construyendo, para unos días, unas cabañas en el campo.
– En cada una de estas fiestas convocan una asamblea litúrgica, ofreciendo sacrificios a Yahvé, y a la vez, en su honor, se abstienen del trabajo.
– Al mirar estas fiestas vemos que también nosotros celebramos muchas fiestas pero de otro tipo, y que nos ayudan en nuestro camino de fe: nos recuerda que somos pueblo redimido por Dios en Cristo; nos muestra la pertenencia a la Iglesia. Da a nuestra vida una dimensión de alegría, rompiendo la rutina de la vida cotidiana. Nos ayuda a liberarnos de la esclavitud del tiempo y del trabajo. No sigue ofreciendo la salvación De Dios. Es memoria y presencia, anuncio del futuro, Jesús está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Pues nuestras fiestas se centran en amar y conocer más a una persona, Jesucristo.

SALMO:
“Aclamad a Dios, nuestra fuerza.”
El salmo es una peregrinación al santuario del Señor, Él es nuestra fiesta, y a Él vamos a hacer nuestras peticiones y nuestras acciones de gracias con cantos y alabanza. Pero sobre todo celebramos que Dios está con nosotros, que no es lejano, sino que es cercano e interviene en nuestra historia para salvarnos.

MATEO:
– Hoy vemos un Evangelio contradictoria y dramático; pues vemos como la gente admiraba a Jesús, que grandes les parecía su sabiduría y sus milagros; pero a la vez Jesús no puede hacer milagros en su tierra porque no le acogen y se escandalizan de Él; y por esto la palabra dice que “no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.” Esto es por el corazón cerrado de los hombres, que no les deja creer. Jesús necesita un corazón abierto, sincero y disponible para que su amor y su gracia puedan actuar, para que su poder pueda encontrar efecto en lo más profundo de nuestro ser, en nuestra alma. Pidamos por eso una apertura de par en para de nuestro corazón y toda nuestra vida a su acción fecunda.
– Pasar de la incredulidad a la fe es un salto difícil. Se trata de un don De Dios y, a la vez, de mantener una actitud honrada por parte de la persona. Jesús nos muestra muchas veces que los que creyeron fueron los sencillos de corazón, a quienes Dios les revelo los misterios del Reino. Que importante es ser sencillos de corazón, y dejarnos llenar por Dios.

María, Madre, ayúdanos a abrir de par en par el corazón a la acción de tu Hijo Jesucristo. Amén. 

Un pobre sacerdote +++

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