SÁBADO XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ECLESIASTES:
– Un libro tan humano como el Eclesiastés, se termina con una hermosísima evocación de la «juventud», el tiempo de la vitalidad que debe vivirse en la alegria, sabiendo, de otra parte que es pasajera -y vanidad, dice, como todo lo restante- contrastando con esa visión el autor describe también «la vejez», en términos llenos de poesía.

-¡Alégrate, joven, en tu juventud y ten buen humor en tus años mozos. Sigue los senderos de tu corazón y los deseos de tus ojos!

Esta exhortación a los «jóvenes» parece muy optimista: hay que aprovechar los buenos años de la juventud, porque la vejez nos acecha. Si lo tomásemos como una invitación al placer desenfrenado, no habríamos entendido nada del pensamiento profundo del autor.

-Pero tienes que saber que por todo ello te emplazará Dios a Juicio.

La juventud es un don de Dios que hay que vivir en la expansión y alegría, pero del que tendremos que rendir cuentas.

-Aleja de tu corazón el malhumor, aparta de tu carne el sufrimiento.

Efectivamente, el autor anima clara y simplemente a la juventud a que desarrolle su vitalidad. Esto es muy positivo y también muy moderno. Se facilitarían las relaciones actuales entre las generaciones si se diese cabida a tales aspiraciones. ¿De qué modo podrían los «jóvenes» descubrir a Dios si se les incrustase demasiado pronto la idea del «peso» de la condición humana imponiéndoles un estilo de vida, quizá a gusto de los ancianos y adultos, pero que no es el suyo propio? Nos atrevemos a decir con el autor que el único terreno en que Dios está presente para ellos -el de su vitalidad desbordante y el de su juventud- no les está prohibido… sino dado por el mismo Dios. ¡Qué vivan su juventud!

VEJEZ:-Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, antes que vengan los días malos…

Cuando tiemblen los guardas de la casa y se doblen los hombres vigorosos, cuando dejen de moler las mujeres y se ahogue el son del molino, cuando enmudezcan las canciones. También la altura da recelo y hay sustos en el camino.

Es imposible resumir esta hermosa descripción de la vejez. Conviene leerla por entero. A través de esta descripción poética de la caducidad de la vida que va a la par de la caducidad de todas las cosas, se siente un profundo amor hacia los ancianos… una especie de nostalgia amorosa que pone de relieve la realista belleza de esa edad. Resulta inútil añorar la juventud. Lo mejor es vivir cada edad de la vida con realismo.

-Florece el almendro, está grávida la langosta y da fruto el alcaparro y es que el hombre se va a su eterna morada… Y los del duelo circulan por la calle.

Muchas de estas imágenes no son muy claras, evocan solamente belleza y fragilidad. «Y el hombre se va a su eterna morada.»

En medio de esa evocación realista encontramos esta fórmula tan hermosa, en la que podemos detenernos. La nueva liturgia de difuntos la ha tenido en cuenta en su hermoso canto de «adiós»: «Nuestro Padre te espera a la puerta de su morada y los brazos de Dios se abrirán para ti. »

¿Podemos continuar diciendo que todo es vanidad, cuando todo acaba con esta promesa? Pero ¡sólo la Fe nos abre a esta certeza!

SALMO:

«Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación..»

LUCAS:
– Jesús quiere que aprendamos bien que el tiene que ser entregado en manos de los gentiles, para que pueda hacer su obra de salvación entregándose hasta la muerte, dando todo por nosotros. Pero nosotros igual que los apóstoles somos duros de cabeza y no le entendemos. El no entendimiento no es porque no entendamos en nuestra razón que Jesús tenía que ser crucificado, sino que no lo entendemos porque no queremos o rechazamos la cruz en nuestra vida, y en lugar de vivir la Cruz como un lugar de salvación con Cristo, lo vivimos como un lugar de tortura al vivirla sin Él.
– Además a los discípulos les da miedo preguntarle sobre el tema, a nosotros también, porque no es algo que estemos dispuestos a vivir, pues nos repugna más que nos atrae. Es nuestra humanidad que se rebela, es nuestra debilidad de pobreza, por eso debemos pedir al Señor la gracia de querer la cruz, de elegirla como signo de amor, y que en ella está la vida y el consuelo, y es el camino para nuestro encuentro eterno de Amor, con nuestro Dios y nuestra Vida.
– Pidamos ser ser colaboradores suyos en la salvación del mundo, y exijámonos con el Señor a caminar su mismo camino, que pasa a través De la Cruz y de la entrega.

María, que amemos la Cruz de tu Hijo, que amemos a tu Hijo Crucificado, y que no tengamos miedo ni debilidad, y vayamos a crucificarnos con Él. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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