DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO

AMÓS:
– El profeta se levanta valientemente denunciando los abusos contra los derechos humanos de la sociedad de su tiempo. Específicamente habla de los que oprimen al pobre, de los que están deseando que pase el día de fiesta para volver a vender y hacer trampas. Estas trampas son iguales que las de ahora, pues se trata de disminuir la medida, aumentar el precio, usar balanzas trucadas. Esta es la muestra de cómo estaba el corazón del hombre, y cómo sigue estando en nuestros días.
– Destaca una frase que es clara sobre el juicio que va a hacer Dios: «No olvidaré jamás ninguna de sus acciones». El Señor sabe qué obramos, y que hay en nuestro corazón al hacerla. Es importante saber que no vale con comportarnos de cualquier modo, sino que debemos cuidar nuestra vida, para que sea una constante alabanza al Señor, y una verdadera fraternidad con el prójimo.

SALMO:
«Alabad al Señor, que alza al pobre».
El Señor se fija desde el cielo en el hombre, en especial del más necesitado y pobre pues levanta del polvo al desvalido, y alza de la basura al pobre. No hay nadie que se fije más en el más necesitado que Dios, que se conmueve con todas sus criaturas, en especial por aquellas que más le necesitan.

1TIMOTEO:
– San Pablo da consignas pastorales a Timoteo para que anime a la comunidad cristiana. Describe hoy lo que llamamos la oración universal de la Misa, san PAblo le dice que oren por todos los hombres, también por las utilidades, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible. El motivo de esta oración es que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y que también es uno el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos.

LUCAS:
– Hoy Jesús nos enseña como debemos administrar los bienes materiales en nuestra vida para que no sean obstáculo a nuestro crecimiento en la fe. La parábola de Jesús nos muestra como el administrador infiel, a pesar de ser muy poco escrupuloso, tiene capacidad de hacer cálculos y ver qué le conviene para asegurarse el futuro condona deudas y falsifica facturas a los clientes para que luego le apoyen a ser despedido por el amo. Es inteligente para sus propios intereses, no para los de los demás, ni para los de su amo.
– Jesús quiere que seamos personas de fiar en las cosas materiales, pero aún más en las espirituales, que son las que al fin cuentan a la hora de presentarnos ante el Señor, no podemos servir a dos señores, no podemos servir a Dios y al dinero.

Hoy el Señor nos avisa de lo peligroso que es el dinero, pues nos puede hacer crueles, opresores, tramposos… Pero es legítimo tener y buscar el dinero, porque lo necesitamos para nuestra vida, para el bienestar de nuestra familia y para El Progreso del mundo. Pero debemos hacer un buen uso del dinero.
El problema está en dejarnos esclavizar por el dinero; el dinero no nos puede hacer olvidar que hay otro valores más importante en la vida. El consumismo es un gran problema en nuestra vida, que nos empuja para tener y gastar más y más. Debemos tener claro que las riquezas no son nuestras, nos han sido encomendadas para su administración, son bienes ajenos, como dece Jesús en la parábola, y hay que administrarlo adecuadamente, siendo fiel en lo poco, para ser fiel en ello mucho.
Seremos listos en el uso del dinero si no lo convertimos en fin. Es un medio y, como tal, es relativo, no absoluto. Si nos dejamos llevar pro él, si caemos víctimas de su fascinación, y se nos pega fácilmente a los dedos, llegando incluso a injusticias evidentes y a jugar con cartas marcadas, no hamos sabido o querido enteneder lo que es importe y lo que no lo es. No debemos despreciar el dinero, pero sí relativizarlo.
El amo alaba al administrador por su astucia, no por otra cosa, esto no se nos puede olvidar en la parábola del Señor de hoy.

– El Señor nos dice hoy que el hombre está esclavizado al dinero, su dueño es el dinero, y así el hombre siervo del dinero, no puede servir a Dios. No se pueden servir a dos señores, y muchísimo menos si son tan opuestos. Lo que hay que tener claro es que antes éramos esclavos del pecado, esclavos del diablo; ahora rescatados de esta esclavitud, somos libres, pero somos libres porque tenemos una santa esclavitud, que es la esclavitud de Cristo, somos esclavos de Cristo, somos siervos de Cristo.
Pero también somos siervos de nuestros hermanos, y esto es porque a nuestros hermanos los servimos en Cristo, a Cristo los servimos en los hermanos.

María, Madre enséñanos a servir a Dios por encima de todas las cosas. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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