DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

DEUTERONOMIO:

– En este texto descubrimos como Dios da una normas a Moisés, para asegurar que el pueblo de Israel cuando llegue a la tierra prometida, sigue fiel a la Alianza que se selló con el Sinaí. Llamada a que el pueblo sea fiel a los mandatos del Señor.

– Se centra el ser fieles desde la famosa oración “Shemá Israel”, escucha Israel, que los judíos rezan varias veces al día, y que el mismo Jesús hoy recoge en el Evangelio. Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

SALMO:

“Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.”

El Señor es la Peña, la roca firme, el escudo y la fortaleza del salmista. Nosotros también le pedimos que nos refugiemos en Él y no busquemos otros lugares donde descansar nuestra vida.

HEBREOS:

– Cristo Jesús es el sacerdote que nos convenía, y subraya las diferencias entre Él y los sacerdotes humanos. Jesús es el sacerdote que permanece para siempre, y que vive siempre para interceder en nuestro favor. Que importante es tener claro que el Señor, siempre está orando por nosotros, que se conmueve con nuestra vida y ora nuestra vida para que vivamos en Él.

– Y lo más grande es que el sacrificio que dura para siempre, el de su propia vida, es el de su propia vida. Ojalá caigamos en la cuenta de la forma de interceder que tiene el Señor por nosotros, con la ofrenda de su propia vida, siendo sacerdote mediador, pontífice entre el cielo y la tierra con la sangre de su entrega en la Cruz.

MARCOS:

– Una máxima se me ocurre para vivir el Evangelio de hoy, “ver a Dios en los hermanos, y en los hermanos a Dios.” Esto es que siempre que amemos, siempre estemos amando al Señor, y para ello debemos pedir cada día los ojos de la Fe, que nos llevan a la verdadera Caridad, al descubrir que en cada hombre está el Señor.

– Jesús hoy contesta a la pregunta de qué mandamiento es el primero de todos, diciendo que son dos. El primero, es amar a Dios, y cita para ello el pasaje del Deuteronomio que hemos leído. Pero añade que el segundo es amarás a tu prójimo como a ti mismo. Por lo que Jesús es alabado, y añaden que esto vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Esta última afirmación implica mucho, pues que se reconozca el Amor como la medida de todo mandamiento es muy fácil afirmarlo, pero no se vivía ni en tiempos de Jesús, ni en los nuestros.

– Por lo tanto la gran consiga de Jesús es el amor, pero en dos direcciones bien claras:

1. Amar a Dios, haciendo lugar de honor para Él en nuestra vida, en nuestra mente, y no hay valor más grande en nuestra vida. Amar a Dios es escucharle, adorarle, orar, obedecer su voluntad, amar lo que él ama. Esto es NO TENER OTROS DIOSES MÁS QUE A DIOS.

2. Amar al prójimo, a los que me caen bien y a los que nos, porque todos son hijos del mismo PAdre y porque Jesús se ha entregado por todos. Y amarles como a nosotros mismos, que es la medida muy concreta y generosa que nos pone el mismo Jesús hoy.

– Ser seguidores de Jesús no es sólo amar a Dios. Ni sólo amar al prójimo. Sino las dos cosas juntas. No vale decir que uno ama a Dios y descuidar a los más. No vale decir que uno ama al prójimo, olvidándose De Dios y de la verdadera caridad fraterna. SI AMAMOS A DIOS, DEBEMOS AMAR AL QUE DIOS AMA: AL HOMBRE (a todo hombre). Y esto debemos verlo en que a Dios le agrada más la MISERICORDIA que muchos sacrificios y holocaustos.

– Por lo tanto la pregunta del escriba y la respuesta de Jesús se insertan en la línea de búsqueda de lo enseño al de la Ley par no vivir sólo un montón de preceptos no tan importantes. Esto es que en la vida hay cosas que son importantes, pero, no son urgentes; y hay cosas que son urgentes, pero no importantes. El riesgo es sacrificar las cosas importantes para correr detrás de las urgentes, frecuentemente secundarias del todo. Y así preocuparnos de cosas menores, pero no de lo único importante AMAR Y SERVIR, vivir la misericordia De Dios. No podemos dejar de vivir los dos mandamientos fundamentales que nos da el Señor, amar a Dios y amar al prójimo.

María, Madre llévanos siempre a tener a Dios siempre en el Corazón, para que ocupe siempre el primer lugar de todo, y nos lleve a vivir amando lo que el ama, y sirviendo a lo que el sirve. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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