LUNES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

LUNES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ESDRAS:
– Dios va escribiendo su historia, para salvación de todos. Los años del destierro habían sido ruinosos. Pero las promesas De Dios se cumplen y empieza de nuevo la historia. Dios nunca de ja las puertas cerradas. Él abre nuevas puertas, reconstruye el Templo y su presencia está en medio de su pueblo para traer a todos su salvación.
– Dios conduce la historia a veces por medio de personas que no esperaríamos, como por ejemplo en esta lectura por medio de los reyes paganos de Persia, Dios se manifiesta de modos a veces muy diferentes a los que nosotros pensaríamos.
– Pero claro, la vuelta no fue nada fácil, los israelitas encontraros oposición en los habitantes que mientras tanto se habían instalado en la tierra, y también sintieron ellos mismos el trauma de tener que ajustarse a nuevas situaciones. Deberíamos estar, también nosotros ahora, siempre dispuestos a empezar de nuevo, confiando en los planes salvadores del Señor, que nos guía también a través de periodos difíciles para llevar a cavo su salvación. Por eso no perdamos la confianza en el Señor.

SALMO:
«El Señor ha estado grande con nosotros».
El Señor siempre saca obras grandes de nuestra pobrezas, y cuando pensábamos que ya no tenían las cosas solución, Él está obrando con poder. Así hoy debemos confiar también nosotros, pues el Señor está grande con nosotros, y sus obras son magníficas, pues su deseo es la salvación del hombre, y para ello hace obras que siempre nos sorprenden.

LUCAS:
– Jesús quiere que seamos luz que ilumine a los demás, un candil no se enciende para esconderlo. No tiene que quedar oculto lo que la Palabra nos nos ha dicho: debe hacerse público.
– Uno de lo frutos mejores de la Palabra De Dios que escuchamos es que se convierta en luz dentro de nosotros mismos, y después será luz también hacia fuera. Es esa luz que ilumina, sana y muestra cuál es el camino hacia la salvación De Dios. Pero primero siempre tiene que iluminar nuestra casa, para ser luego luz para los demás. Es necesario que la Palabra primero me evangelice a mí, para después nosotros ser evangelizadores de los demás.
– una cosa es clara que los que recibimos es para la edificación de los demás, no para guardárnoslo. No podemos privatizar la fe, pues Jesús nos invita a dar testimonio a los demás. Hay que ser luz empezando por los que tenemos más cerca, debemos ser luz en nuestro día a día, con nuestra buenas obras y nuestro amor a Jesús y a los demás.

María, Madre que seamos luz del Amor de Jesús para nuestro hermanos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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