XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

ISAÍAS:

– Dios prepara un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Esto porque arranca el velo de tristeza que cubría al pueblo, y aniquilará la muerte. Esta es nuestra esperanza que esperemos en el Señor y el Señor nos salve, que cambie nuestra tristeza en gozo, nuestro pecado en salvación. Necesitamos mucho del Señor, y hoy con esta primera lectura confiamos en su salvación y esperamos de Él su obra misericordiosa.

– El profeta anuncia la futura intervención salvadora De Dios para con su pueblo, y muestra de este modo un futuro muy optimista y claro, pues el Señor se muestra en todo su esplendor y su salvación llega a todos, por eso hay que vivir en la alegría de la salvación del Señor.

SALMO:

«Habitaré en la casa del Señor por años sin término.»

Que gran Salmo es este del Señor como pastor, que cuida de nosotros y nos protege en todo momento, que su bondad y su misericordia nos acompañan toda la vida. Que importante es enlazar este salmo con las lecturas del día de hoy, pues el Señor quiere que habitemos con él para siempre en su casa, quiere llevarnos a su presencia. Ahora bien, cada uno de nosotros debe responder obedientemente a la voz del Pastor, y caminar por los caminos que nos guía, y comer alimentos que nos da, y no buscar caminar sólo por nuestro caminos y nuestros gustos, sino que nuestro gusto sea lo que el Pastor quiere, pues es con mucho lo mejor.

FILIPENSES:

– San Pablo dice una frase para empezar que a mí me da cierta envidia sana: «Sé vivir en pobreza y abundancia». Me recuerda a otros textos de grandes santos, como Santa Teresa de Jesús, con su poesía del vuestra soy, para vos nací, que mandáis hacer de mí, cuando dice: «dadme riqueza o pobreza, dadme salud o enfermedad…» Es esa conformidad con la voluntad De Dios, con lo que Dios da en cada momento, lo que yo también anhelo y le pido al Señor, para que nos conceda vivir en la situación que nos toque vivir amando a Dios y al prójimo, y alabando a Dios por ello.

– La clave está en «todo lo puedo en aquel que me conforta». Dios es la clave de todo, sólo si Él es El Centro de todo, el sostén de todo, entonces todo es para bien, el problema es poner como centro, y colocar el corazón en otras cosas. Debemos pensar en oración en el día de hoy, ¿dónde coloco mi corazón, cuál es El Centro de mi vida?

MATEO:

– La parábola de hoy el banquete de bodas, no debemos olvidar que Jesús lo pone para explicarnos que el Reino de los cielos se parece a esta parábola. Y empieza con los convidados que no quieren asistir a la boda, primero simplemente dicen que no van porque no quieren; pero después empiezan a poner excusas, son tres excusas:

1.- Las tierras: que excusa más barata es poner el dinero, lo material como El Centro de nuestras ocupaciones, que no nos dejan ir al banquete de bodas. Ojo que nosotros también ponemos mucho afán lo material, y esto nos puede ser inconveniente para ir al Reino de los Cielos.

2.- Los negocios: las ocupaciones, el trabajo, tener muchas cosas que hacer, y no tener tiempo para Dios, ni para los demás. También es una excusa que ponemos siempre, y decimos mañana lo haré, me suena a una frase de un himno de la liturgia de las horas: «Mañana le abriremos respondía, para lo mismo responder mañana». Lo que puede provocar esto, es que nos quedemos fuera del Reino De Dios.

3.- Violencia, incluso muerte a los criados: me impresiona esta reacción, pero es la que provoca el no querer al Señor, y no saber que excusa ponerle, entonces simplemente le rechazo, porque me delata mi vida, y yo no quiero cambiarla, y esto me lleva a vivir con un rechazo profundo a las cosas De Dios, y a todo lo que llame a Dios. De tal modo que no hay respeto ni siquiera por los propios criados que no tienen culpa de nada, simplemente están haciendo lo que hace su Señor. Estos a veces somos nosotros, pues es nuestra reacción cuando Dios nos pide algo que no nos cuadra o que no queremos. Como no podemos rechazarlo lógicamente, lo hacemos de un modo irracional.

– Invitación a todos los que se encuentran en los cruces de caminos, y los criados invitan a todos. Esto es una llamada de atención a los judíos, el «pueblo elegido», que pensaban que tenían la exclusividad de la salvación, pero Jesús con esta parábola nos muestra que los llamados al Reino, somos todos, los malos y los buenos como dice la parábola. Y que hay que cumplir un requisito, que es por el que la parábola condena a un hombre, es al que «no lleva el vestido de boda», esto es que no se puede entrar de cualquier manera al Reino De Dios, sino que hay que prepararse, y ¿cómo se prepara uno? ¿Cuál es nuestro vestido de fiesta? Es el vestido del Señor, el vestido de la gracia que Dios nos regala, y que debemos cuidar, conservar y reparar por medio de una vida de unión con Dios, de sacramentos y de caridad. Se cuida de este modo desde Dios, dejando que la gracia me adorne, pero también de nuestra correspondencia con la obras de la fe, las obras de la caridad, las obras de esperanza. Podríamos repasar como vivimos nuestra relación con Dios, y también como son nuestras obras de caridad.

De este modo la parábola no sólo es para llamar la atención a los judíos, al pueblo elegido, sino que con este traje de boda llama la atención a todos. No podemos rechazar al Rey, al que acogerle en todo, y debemos dejar que Él haga su obra en nosotros.

– Si miramos los que no quieren ir al banquete de bodas, tienen algo urgente que hacer, algo que aparentemente no puede esperar, que reclama de inmediato su presencia. El banquete referente en consecuencia lo más importante en la vida, es más, la única cosa importe, porque ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? Nos pregunta el mismo Señor.

El ERROR, es dejar lo importante por lo urgente, lo esencial, por lo contingente. Esto en la cosas De Dios, es dejar continuamente para más tarde el cumplimiento de las cosas De Dios, porque cada vez se nos presenta algo urgente que hacer. Siempre hay algo que hacer antes que poner antes a Dios, para ir a Misa, o para Rezar, y esto hace cada vez colocar más a Dios en el rincón más escondido de nuestra vida.

Lo más importe a hacer, es estar con Jesús escucharle, hacerle compañía, no desaprovechar una ocasión tan preciosa. Lo único necesario en la vida, es ganarse a Dios y con él la vida eterna, dejar esto por pequeñas cosas, aunque cuanto urgentes, sería fallar totalmente. Y además elegir a Dios nos llevará a Amar con mucho más amor al prójimo.

Podríamos expresar lo que nos enseña el Evangelio de hoy con un refrán: «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». El Evangelio nos enseña a establecer las prioridades, a tender a lo esencial, a no perder lo importante por lo urgente, como sucedió a los invitados de nuestra parábola.

María Madre, intercede por nosotros para que le negamos nada a tu Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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