DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:
– Si uno es justo, pero luego se aparta de su justicia, muere por la maldad que cometió. Si uno es malvado, pero se convierte de la maldad, él mismo salva su vida. Al justo se le pide que persevere en el bien. Al malvado, que se convierta. El mensaje del profeta es esperanzador: invita a todos a confiar en la bondad y el perdón De Dios.
– Cada uno de nosotros creo que vivimos en los dos momentos, en los momentos en que vivimos en el Señor y tenemos que perseverar en el trato y en la intimidad con Él, para vivir de su misma Caridad. Y por otro lado, debemos cambiar, convertirnos de muchas cosas, que es necesario vivirlas de un modo diferente en nuestra vida. Por lo tanto pidamos a Dios que nos de la alegría de conocer lo que está bien para cuidarlo, y la certeza de lo que está mal para cambiarlo.

SALMO:
«Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.»
Es una oración de confianza en el Señor que siempre es misericordioso, y que no va a dejar de serlo. Y por eso la petición es de olvidar los pecados cometidos, y que el Señor no enseñe los caminos por los que debemos seguir.

FILIPENSES:
– El deseo de bien que tiene San Pablo, se concreta en un deseo para todos los de la comunidad de Filipo, mantenerse unidos y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. Y marca un itinerario para vivirlo, lo primero la humildad, considerando siempre más a los demás. Lo segundo, no viviendo para nosotros mismos, no encerrarnos y buscar nuestros propios intereses, y lo tercero siempre buscar a los demás, potenciando su vida y que crezcan en el Amor De Dios.
– Después San Pablo concreta todo esto con uno de los himnos cristológicos más antiguos, para vivir en los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que se anonado, se hizo nada para acercarse a nosotros, para compartir en todo nuestra existencia, de este modo se humillo, y se negó a sí mismo, para afirmarnos a nosotros, y esto le llevo a la muerte de Cruz, que es la llave para el cielo. Es también un camino para que nosotros vivamos en el Amor De Dios concretado en la entrega total de la vida en la Cruz.

MATEO:
– Jesús con una parábola muy sencilla y expresiva les echa en cara la hipocresía que muchas veces reina entre los sumos sacerdotes y los ancianos en el pueblo de Israel. El hijo que dijo que no, que no iría a trabajar a la viña, pero luego fue. Y el que dijo que sí que iba, pero luego no fue. En este segundo es donde Jesús retrata a las clases dirigentes de Israel. Los contrapone a los publicanos y prostitutas, que tienen mala fama, pero muchos de ellos han sabido acoger el mensaje del Señor.
– Por otro lado trayendo la lectura a nuestra vida, vemos que no vale con ser un cristiano de toda la vida, para ir al cielo; sino que lo más importante es que al final de la vida, seamos sorprendidos en el Amor, y por eso Jesús muestra que los más desfavorecidos que no conocen a Dios porque no se les ha anunciado, y luego se convierten, son los primeros en el Reino de los cielo. Pero ante esta parábola, yo siempre me pregunto, ¿cuál es el camino ideal que hay que recorrer? Yo creo que es el del hijo que dice que va a la viña y trabaja en ella. Hay que llevar una vida de unión con el Señor durante toda la vida, para al final de nuestra vida también morir en su Amor. Por lo tanto, ojalá podamos vivir toda la vida sin separarnos de Aquel que ha entregado su vida por nosotros, y se ha abajado hasta la muerte de Cruz.
– El hijo que dice sí y no va, representa a los que conocían a Dios y seguían su ley, pero, después, en el momento práctico, cuando se ha tratado de aceptar a Cristo, que era el fin de la Ley se han vuelto atrás. El Hijo que ice no y va, representa a los que en un tiempo vivían fuera de la Ley y de la voluntad De Dios; pero, después, ante Jesús han recapacitado y han acogido el Evangelio.
– Dios espera de nosotros la obediencia y la coherencia, pues la incoherencia resulta extraña en el cristiano; por lo que se dice mucha veces que ES MEJOR SER CRISTIANOS SIN DECIRLO, QUE DECIRLO SIN SERLO. ES PRECISO HACER LO QUE EL SEÑOR QUIERE. Y la voluntad que el Señor quiere la tenemos de un modo claro en la segunda lectura, un camino que lleva a imitar en todo a Cristo Jesús. Un cristianismo que tenga los mismo sentimientos que Cristo Jesús. Estos criterios son UNIDAD, CARIDAD, HUMILDAD.
– No digamos al Señor, «Señor, Señor», y tengamos una palabra huecas. Vamos a cambiar nuestro corazón, vamos a hacer florecer en él estos sentimientos del Corazón de Jesús, y nuestra vida será según Cristo, y nuestras palabras estarán llenas de la Vida De Dios, pues se harán vida en nosotros.

María moldea nuestro corazón, según el Corazón de ti Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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