1 CORINTIOS:
Corinto era y es una gran ciudad, puerto de mar, situada también en Grecia, como la de Tesalónica, pagana, con mala fama en cuanto a sus costumbres.
Esta comunidad cristiana la fundó Pablo en su estancia de los años 51-52 y, por lo que se ve, era una comunidad muy viva, con cualidades y con problemas. Virtudes y defectos de unos cristianos de hace dos mil años, que nos iluminan en nuestra vida comunitaria de ahora.
Parece que Pablo les escribió cuatro cartas: se han conservado la segunda y la cuarta, las que llamamos «primera y segunda a los Corintios». La primera, que es la que empezamos a leer hoy, la escribió hacia el 56 o 57, desde Éfeso, en su tercer viaje. Su temática no es la que podríamos llamar «judía» (la relación entre la fe y la ley), ni tampoco la típicamente «cristiana» (el seguimiento de Cristo), sino una más «helénica»: la relación entre el conocimiento y el amor (entre la «gnosis» y el «ágape»). La finalidad de las recomendaciones de Pablo será la edificación de la comunidad, por encima de los entusiasmos filosóficos y carismáticos que puedan tener los Corintios.
a) El comienzo no puede ser más positivo y esperanzador. Pablo describe a los cristianos como «el pueblo santo que Jesucristo llamó», «la Iglesia de Dios que está en Corinto», los que han recibido «la gracia de Dios en Cristo Jesús», los que han «sido enriquecidos en todo», los que «no carecen de ningún don».
Destaca, sobre todo, el don de la sabiduría, «en el hablar y en el saber». Los griegos se distinguen por su sabiduría, son maestros en filosofía. También los convertidos parece que estaban muy satisfechos de este don, lo que Pablo irá constatando, no sin cierta ironía, a lo largo de toda la carta.
Pero lo que más subraya Pablo es el protagonismo de Jesús: en los versículos que leemos hoy, nada menos que nueve veces aparece su nombre. Jesús es quien da sentido a toda la gracia que Dios ha hecho a los Corintios y a su respuesta de fe.
b) Haremos bien en ir leyendo esta carta como escrita para nosotros mismos, deseando merecer las alabanzas de Pablo y procurando corregirnos de sus reproches, si es que se nos pueden aplicar. La de Corinto es una comunidad cristiana que vive en un ambiente pagano: de ahí su actualidad pastoral.
La Escritura no se proclama en nuestras celebraciones para que nos enteremos de que hace veinte siglos las comunidades tenían tales o cuales problemas. Sino para que nos miremos al espejo y procuremos que nuestros caminos vayan coincidiendo cada vez más con los de Dios.
Ojalá tuviéramos todos esa riqueza de gracia y de dones de que habla Pablo. Y al mismo tiempo, nos «mantengamos firmes hasta el final», porque todos somos llamados «a participar de Jesucristo, Señor nuestro, y él es fiel».
SALMO:
«Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.»
MARCOS:
– Herodes apreciaba a Juan a pesar de su denuncia; pero la debilidad de este rey voluble y las intrigas de Herodías y de su hija acabaron con la vida del último profeta del Antiguo Testamento, el precursor del Mesías, la persona de quien Jesús dijo que era el mayor de los nacidos de mujer.
– Juan Bautista no sólo anunció la venida del Mesías, sino que también anticipó su muerte martirial; es el precursor del nacimiento y de la muerte de Jesús.
– Igual que Juan nosotros deberíamos ser precursores, anunciadores de Cristo Salvador, preparadores de sus caminos, para que otros le conozcan y le sitúan. Pero no vale hacerlo de cualquier modo, sino con una actitud de gozosa humildad, porque es el Señor el que tiene que crecer y nosotros los que tenemos que menguar, esto porque no somos nosotros quienes salvamos al mundo, y no nos predicamos a nosotros mismos. Es Jesús El Salvador del mundo que hace nuevas todas las cosas.
– Aprendamos por lo tanto de san Juan Bautista, su capacidad de sacrificio, de abnegación y de ser testigo coherente de su conducta con las palabra que predicaba. De este modo daremos un testimonio cristiano claro, real y entendible para los demás.
María, Madre que dejemos pasar el Rostro de Cristo en el el nuestro. Amén.
Un pobre sacerdote +++