DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO
JEREMÍAS:
– Leemos hoy una de las confesiones de Jeremías. Es un profeta que ha padecido en su propia carne el drama de su pueblo y la persecución de que ha sido objeto él como portavoz De Dios, oye como la gente habla de él y el miedo le rodea. Pero ante la dificultad, Él ha intentado ser fiel a su vocación profética, y no ha perdido la esperanza en la ayuda De Dios.
SALMO:
«Señor, que me escuche tu gran bondad».
El salmo es una oración ante una angustia existencial del justo en medio de una sociedad hostil. Pero el salmista permanece fiel en medio de las afrentas y dificultades, además que vive en la soledad pues una de las dificultades más grandes es que es abandonado de todos. Pero confía en el Señor, y Dios que es fiel y que escucha a sus hijos desvalidos se fija en él y tiene misericordia, y de este modo revivir su corazón en la dificultad. Es un salmo digno de ser rezado cuando pasamos alguna dificultad, para poner nuestra confianza en el Señor.
ROMANOS:
– San Pablo nos habla como el pecado ha entrado por un hombre, y que ha sido por causa de la desobediencia; pero también que la salvación ha entrado por un Hombre, por causa de la obediencia hasta la muerte y muerte de Cruz: «si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia De Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.»
– San Pablo contrapone lo que provocó el pecado del primer Adán, la muerte; y lo que provoca Cristo la reconciliación ya vida. Sabiendo que el don es mucho mas grande que el delito, y que la Misericordia De Dios siempre es más grande que el pecado.
MATEO:
– Si tuviéramos que resumir el evangelio de hoy con una frase, yo la resumiría diciendo: No tengáis miedo, Dios nos conoce y nos ama. Es lo que nos transmite el Señor, que no tengamos miedo a los que matan el cuerpo, pues Dios es más fuerte que el pecado, que el sufrimiento, que la muerte.
– Hoy en el discurso misionero Jesús ve las dificultades que pasan sus discípulos y les invita a que no se desanimen. Incluso aún más, Jesús se pone a nuestro favor, intercede por nosotros, da testimonio por nosotros en su fidelidad, no nos deja solos sino que salen a favor nuestro. Por eso a lo que tendríamos que tener miedo no es los que matan al cuerpo, sino a dejar de lado a Jesús, y defraudarle, y no querer vivir en su Amor.
– No hay que tener miedo, porque, si confiamos en Dios, experimentaremos siempre su misericordia y su bondad. El Amor De Dios es más fuerte que el mundo, el demonio, la carne, el pecado, y Dios tiene la última palabra. Lo que está claro es que el miedo no se vence por un decisión de voluntad sino por la fuerza de la gracia. Si estamos cerca del Señor dejamos que la gracia haga su obra en nosotros, y venza nuestra debilidad.